En la primavera de 2021 saldrá a la luz mi primer libro “La flecha, o cómo responder a la pregunta ¿Y tú que quieres hacer con tu vida?”.

Estoy muy contento de compartir con vosotros el primer capítulo del libro para que podáis dejarme vuestra opinión y apuntaros a la lista de correo para ser los primeros en enteraros de todas las novedades.


Capítulo 1

¿Quién es Rafael Escalera y por qué debería emplear mi tiempo en leer este libro?

Lo primero de todo: Gracias por haberte aventurado en el reto de descubrir qué quieres hacer con tu vida. Sé que si no estuvieses ya buscando respuestas, ahora mismo no estarías ojeando este libro.

Además imagino que debes estar preguntándote si realmente este libro podrá ayudarte o si el tipo que lo ha escrito, es decir yo, es alguien que merece la pena leer. Por eso, mi primer trabajo como escritor consiste en ganarme tu confianza para me permitas acompañarte en este viaje, y creo que una buena manera de hacerlo es contarte un poco sobre quién soy yo, y de dónde nace este libro.

Mi nombre es Rafael Escalera. Estoy completamente convencido de que todos tenemos una Misión en la vida, algo que nos hace felices y cuyo objetivo va más allá de nuestros propios intereses personales. Es algo que muchas veces se asocia al terreno laboral, pero no creo que sea exclusivo. Lo que sí he visto que sucede siempre es que las personas que están en su Misión se encuentran llenas de energía y sonríen aunque la labor que tienen delante sea complicada.

Mi Misión consiste en empoderar a personas para que se conviertan en su mejor versión y desde ahí, dirijan su vida hacia donde deseen.

No quiero que pienses que yo soy ningún tipo de gurú porque no es así, de hecho cuando acabé el instituto no tenía ni idea de qué hacer con mi vida, ni mucho menos que yo pudiera tener una Misión, más bien envidiaba a aquella amiga que tenía claro que quería ser médico o a aquel que soñaba con ser piloto de aviones, mientras que yo tenía una eterna duda en la cabeza y daba palos de ciego.

Estaba obsesionado con que tenía que existir algún tipo de piedra filosofal llamada “qué me gusta hacer a mí”, y que cuando la encontrara, se acabarían todas mis crisis. Estaba tan seguro de que existía que no he parado de buscarla desde entonces. He leído muchísimo, he probado mil cosas diferentes y me he equivocado hasta hartarme. En el camino alguna respuesta sí que he conseguido encontrar y por eso he podido escribir este libro que tienes entre las manos.

La mía fue una infancia feliz y fácil. En lo profesional, es decir en el cole, yo era un triunfador, o un empollón, como quieras llamarlo. No era el mejor de la clase, pero sí que era de los mejores de la clase, estudiaba, me gustaba aprender, no me metía en líos, era obediente, y de hecho estaba tan implicado en las actividades del colegio que fui monitor de catequesis y delegado de curso en 2º de Bachillerato.

Mi sorpresa al salir del colegio fue darme cuenta que el haber sido un triunfador del sistema educativo, nunca me capacitó para triunfar fuera de él. Nadie me enseñó nunca a confiar en mi propia guía interior, a emprender mis propios proyectos o a preguntarme cuales eran mis dones y como los podía poner al servicio del Mundo.

Cuando estás en el cole tu trabajo está muy claro, tienes que ir a clase, estudiar, y pasar de curso. El sistema tiene una estructura y un camino clarísimo desde que entras en preescolar hasta acabar la universidad. Una de las consecuencias de que esta estructura esté tan clara es que no tienes que pensar. Si estás en 1 de la ESO, sabes que si lo haces bien el año que viene estarás en segundo y en tres años en cuarto. Además parte de esa educación es obligatoria por lo que jamás te tienes que preguntar, si realmente quieres estar allí o no, porque en la práctica no tienes otra opción. Puedes ir subiendo de nivel en nivel, o ser un “fracaso escolar” pero no hay más opciones.

Como todo el mundo, llegó un momento en el que salí del sistema educativo y su estructura. Entonces tuve que elegir qué hacer con mi vida. Nadie me había preparado  nunca para tomar una decisión de ese calibre y estaba tan acostumbrado a la estructura que ya no sabía vivir sin ella.

Recuerdo ese momento como una de las primeras crisis de mi vida. Se acabaron los niveles para poder seguir subiendo. Lo he hecho muy bien, pero ¿Qué hago ahora? (Leer con una voz desgarrada por el pánico y el estrés).

Reflexionando años más tarde me di cuenta que esta primera y bendita crisis, vino porque me había acostumbrado a recibir las órdenes de fuera.  Primero de mis padres y luego de mis profesores. Había estado siguiendo un plan de estudios que diseñó para mí el ministerio de educación de turno (al que por supuesto nunca tuve el gusto de conocer), y después de años de estar acostumbrado a recibir todas las instrucciones desde fuera, me dan el volante de mi vida, me toca elegir una carrera y yo no tenía ni idea de cómo elegir. Estaba acostumbrado a que me dijeran qué es lo que tenía que hacer, a que me dijeran qué era lo mejor para mí y no estaba acostumbrado a tomar decisiones por mí mismo. No sabía ser libre.

Me dejé aconsejar, y acabé estudiando ingeniería industrial porque siempre se me habían dado bien las mates, y además la academia donde yo había estado haciendo teatro en el colegio, estaba a tiro de piedra de mi facultad, lo que me permitía combinar las dos cosas.

Yo nunca soñé con ser ingeniero pero todo el mundo decía que aquello “tenía salida”, y aunque posiblemente era verdad, para mí no la tuvo, porque en cuanto acabé la carrera decidí volcarme 100% en el teatro.

Buscaba desesperadamente algo que me permitiera ganarme la vida y ser feliz a la vez, pero o lo uno o lo otro parecían esquivarme. Yo le echaba la culpa a que no me gustaba la ingeniería o que el mundo del teatro es muy complejo, pero la realidad es que ponía el foco y la responsabilidad de arreglar mi vida fuera de mí; en mis padres, en la universidad, en el sistema…

Estaba en el arte, un mundo que me hacía muy feliz, pero me olvidé del resto del mundo. Hacía teatro para mí, no por los demás, y además seguía esperando a que la solución a mis problemas llegara desde fuera, y eso no funciona. Ahora sé que fallé en el teatro porque mi idea de éxito consistía en que apareciera algún cazatalentos del cine o la televisión y me descubriera.

Si solo te tienes que quedar con una idea de este libro grábate en la mente que la responsabilidad de tu vida es solo tuya. Puedes decidir si la tomas o si se la regalas a otros, pero ten cuidado porque la diferencia entre una opción y otra es muy grande.

La vida no tiene por qué ser fácil, pero el hacerte responsable de todo lo que hay en ella te llena de energía y te pone en acción. Echar balones fuera y estar esperando a que venga alguien a solucionarnos la vida es el camino directo a la desesperación y la tristeza.

Lo he visto infinidad de veces, casi todo el mundo llega a algún tipo de crisis cuando abandona el sistema educativo. Algunos siguen buscando nuevos másteres para posponer la crisis un poco más tiempo y otros se meten en un trabajo que les de esa estructura que resuena a seguridad, pero antes o después a todos nos alcanza esta crisis de sentido. Todos tendremos que responder a la pregunta. ¿Y yo qué quiero hacer con mi vida? Es un signo saludable porque indica que no somos máquinas, y no solo necesitamos conseguir un trabajo sino que necesitamos encontrar algo que aporte sentido a las horas que pasamos por este mundo.

Mi error y el de muchísimas otras personas fue el de buscar fuera lo que realmente no está fuera. Yo quería que alguien me dijera lo que tenía que hacer, que me diera un plan exitoso, que me diera una estructura  perfecta que seguir  y que me llevara de una manera rápida y fácil a la felicidad y a la abundancia económica. No lo encontré, si lo hubiese encontrado, seguramente esa sería la temática del libro.

Mi experiencia me dice que ese plan perfecto no existe. Así que si lo estás buscando tú también, quizás lo mejor que puedes hacer es parar y dejar de perder el tiempo. No hay un solo camino, sino que hay millones de caminos posibles, y dentro de cada uno hay millones de posibles variantes. El objetivo no debería ser encontrar la opción correcta, sino escucharte a ti mismo y tomar la decisión que más vibre contigo. Escuchar a tu propia flecha interior. Ojo, porque la flecha no te garantiza que no te vayas a equivocar, pero lo que sí te garantiza es que tus decisiones serán tuyas, la responsabilidad de haberlas tomado, también,  y eso le da un sabor muy diferente a todo, incluso a las equivocaciones.

El momento de mi vida donde descubrí que las posibilidades que me ofrecía la vida eran realmente infinitas fue después de fracasar en el teatro y en otros trabajos que vinieron después. Me salí del sistema y me fui a vivir a una comunidad en Olot, donde estuve intercambiando mi trabajo por comida y cama. Fue una de las épocas más felices de mi vida y además una de las más reveladoras.

Allí descubrí que existían personas que habían sabido diseñarse su vida de acuerdo a sus propios valores y habían conseguido deshacerse de muchas de las cosas que yo había considerado imprescindibles. No tenían un trabajo de 40 horas semanales de lunes a viernes, sino que tenían tiempo para estar con su gente o disfrutar de la naturaleza. No había hipotecas, y en cambio sí que había un huerto ecológico donde recoger el alimento para cada día. La vida no giraba alrededor del ganar dinero, sino de las personas y la naturaleza. Su sistema no era perfecto, pero era muy diferente al sistema donde yo había crecido. Era su propio sistema, diseñado a semejanza de las personas que vivían allí. Personas que habían tenido el valor y la libertad de elegir hacer las cosas de una manera diferente, y si ellos podían hacerlo. ¿Qué me impedía hacerlo a mí?, ¿Qué te impide hacerlo a ti?

No te estoy diciendo que te vayas a vivir al campo, a menos que sea algo que quieras hacer, sino que nada es imposible. Puedes diseñarte una vida de acuerdo a tus propios valores, y las posibilidades que tienes por delante son infinitas.

A la hora de elegir qué hacer con tu  vida, más que un camino lo que tienes delante es una llanura, y puedes elegir hacia donde te mueves, en cualquier dirección. Además la llanura está llena de niebla por lo que es imposible ver mucho más lejos de un par de metros por delante. No sabes lo que hay delante, y aunque otros te puedan dar consejos bienintencionados, tu camino es solo tuyo. Nadie tiene ni idea de lo que te espera en los próximos años, nadie ve a través de la niebla. Ni tus padres, ni tus profesores, ni yo tampoco. Solo puedes fiarte de tu propia flecha interior para que te sirva de guía, y adaptarte cuando las cosas cambien, porque lo harán. Incluso tú cambiarás. Esa es de las pocas cosas que sí te puedo asegurar.

La búsqueda del camino correcto es una causa perdida y un gasto inútil de energía porque ese camino correcto, sencillamente no existe.

Otra de las cosas que he tenido que cambiar a lo largo de todos estos años, es que como buen buscador de la estructura perfecta. Yo no quería equivocarme, y le tenía una gran aversión a lo desconocido, al caos, a todo lo que no podía comprobar. Es decir, yo le tenía miedo a todo. Porque en este mundo no existen las certezas.

Nada es 100% seguro. Todo cambia constantemente, y eso implica que el resultado de nuestras decisiones por mucho que sean tomadas desde el fondo de nuestro corazón y razonadas hasta la extenuación nunca va a ser exactamente el que deseamos. No va a pasar.

Vivir en el siglo XXI es aprender a abrazar el cambio y la incertidumbre, porque de las pocas cosas que te puedo asegurar es que lo único constante en la vida es que todo está cambiando sin parar, y cada vez lo hace más rápido.

Tener miedo a la incertidumbre no va a hacer que desaparezca y de nuevo, el antídoto no está fuera de ti sino dentro. Existen millones de intentos de crear seguridad desde lo externo, pero ninguno es infalible. No te estoy diciendo que no cierres la puerta de tu casa pero el hacerlo no garantiza que no vayas a sufrir un robo. De igual manera puedes dedicarle años a preparar y estudiar el plan de futuro perfecto, pero eso no te garantiza que se vaya a cumplir.

Aceptar todo lo que pase y danzar con los cambios de la vida es el verdadero camino hacia la felicidad.

La buena noticia es que aunque no sea posible encontrar certezas,  no son necesarias.  Tienes todo lo que necesitas para moverte por un mundo de incertidumbre, prosperar y ser infinitamente feliz. Las certidumbres no existen fuera, pero las puedes encontrar dentro de ti. Aunque todo lo del exterior pueda llegar a caerse, es dentro de ti donde está toda la fuerza que necesitas.

De alguna manera la sociedad nos hace creer que la vida, y más concretamente la vida profesional se parece a escalar una montaña por una ruta, que a veces puede ser complicada o no, pero que es conocida. Tiene unos hitos que todos debemos alcanzar para no ser un “fracaso”. Primero el graduado escolar, luego la selectividad y la carrera, luego el contrato fijo…

No es así, sino que se parece más a navegar con un velero por el océano lejos de tierra. Sabes más o menos por donde quieres ir, tienes tu brújula y tienes un mapa de navegación que te dice más o menos lo que te puedes encontrar, pero cuando sales de puerto, realmente no sabes lo que hay más allá del horizonte. No sabes si el viento te vendrá de popa y podrás ir más rápido, o vendrá de lado y te desviará de tu ruta, puede incluso que en ocasiones no haya viento y te toque remar duro para poder moverte. No sabes si te encontrarás monstruos marinos o islas llenas de tesoros. Lo único seguro es que el capitán o capitana de este navío llamado vida eres tú, y que puedes elegir cualquier dirección.

El propósito principal de este libro es ese. Ayudarte a recordar que el motor de tu vida eres tú y que la brújula es tuya y solo tuya.

Espero que este libro te sirva para:

  • Te des cuenta de que vivimos en un mundo donde el cambio es una constante. ¿Alguien se esperaba una pandemia mundial en 2020?
  • Te des cuenta de que nadie sabe exactamente qué va a pasar o cuál es la mejor opción para ti.
  • Reflexionar sobre ti mismo, qué quieres para tu vida y qué puedes ofrecer al mundo.
  • Te des cuenta de las infinitas posibilidades que tienes y todo lo que puedes hacer
  • Aprendas que lo que ves de la realidad no es la verdadera realidad
  • Aprendas a ampliar tu visión del mundo para encontrar una más empoderante
  • Abraces la responsabilidad de tu vida
  • Aprendas a usar una de las herramientas más importantes. El dinero
  • Acepta que te vas a equivocar sí, sí o también.
  • Que aprendas a disfrutar del éxito en cada paso del camino, porque el éxito es ahora, no dentro de un tiempo.

Si te interesa el menú dale la vuelta a la hoja y continuemos.

Bienvenidx a bordo Capitán.


 

Espero que te haya gustado.

No te olvides de dejarme tu opinión en los comentarios y apuntarte a la lista de correo.

elemento sometido a torsion y presión interna

Suscríbete a la lista de correo

Mantente al día de toda la información, los videos y cursos para que apruebes la asignatura sin problema

Ya formas parte de la lista de correo

Share This